De repente el camión da un frenazo. Cabeceas violentamente, los
libros que llevabas en las rodillas se proyectan hacia delante. Extiendes
la mano para no dar con la cabeza en el respaldo del asiento de enfrente.
Los que van de pie se aplastan unos contra otros. Acabas de experimentar
en carne propia todas las leyes del movimiento de Newton juntas.