Por inexperiencia o por timidez, Newton no publicó sus resultados.
Tuvieron que pasar 20 años para que se dejara convencer por su
amigo Edmond Halley de sacar a la luz su trabajo. Los científicos
de la épocareconocieron inmediatamente la importancia de la obra
de Newton y a partir de entonces le llovieron honores. Fue presidente
de la Real Sociedad de Londres y director de la Casa de Moneda casi
hasta su muerte.
Newton
era tímido, pero al mismo tiempo podía ser un feroz adversario.
En 1686, cuando publicó su libro más importante, un científico
de más edad llamado Robert Hooke lo acusó de robarle ideas.
La acusación no tiene fundamento, aunque es cierto que Hooke
y Newton habían intercambiado cartas en el pasado. Hooke incluso
le había señalado a Newton un error, lo cual éste
jamás le perdonó. La reacción de Newton a la acusación
de plagio fue de furia incontenida. En vez de publicar un generoso reconocimiento
a Hooke, lo cual no le hubiera costado nada, el vengativo Newton tomó
el manuscrito de su libro y borró toda referencia que en él
había de Robert Hooke.
Unos
años después Newton tuvo un problema similar con Gottfried
Leibniz, matemático alemán que había inventado
el cálculo por su cuenta. La disputa por la paternidad de esa
rama de las matemáticas se puso fea. Newton y Leibniz no escatimaron
los golpes bajos, pero los de Newton fueron más bajos que los
de Leibniz. Todos los artículos que aparecieron en defensa de
la prioridad de Newton los escribió él mismo, firmándolos
con nombres de adeptos suyos. Cuando lo nombraron presidente de la sociedad
científica más importante de Inglaterra, nombró
un comité “imparcial” para investigar el asunto,
pero luego fue él quien escribió en secreto el informe
oficial. Y ni la muerte de Leibniz lo calmó: Newton siguió
lanzando ataques contra su adversario a la menor oportunidad hasta su
propia muerte.
Hacia
el final de su vida, Sir Isaac Newton seguía asistiendo a las
reuniones de la Real Sociedad, pero con frecuencia se quedaba dormido.
En cierta ocasión, se levantó como si quisiera tomar la
palabra. Se hizo un profundo silencio. Los asistentes esperaban con
ansia las palabras del famoso científico. Pero Newton sólo
pidió que cerraran la ventana porque tenía frío.
Isaac
Newton murió el 31 de marzo de 1727 a los 84 años. Sus
obras científicas siguen siendo influyentes hoy, casi tres siglos
después.