La
diosa Hera, enfurecida por la arrogancia de Orión, el cual
se había declarado capaz de vencer a cualquier animal que la
diosa enviara a luchar con él, mandó a un alacrán
gigante que acabó por fin con el presumido joven. Pero los dioses
se apiadaron de él. Lo colocaron en el cielo, y al alacrán
también, pero lo más alejado posible de Orión para
que no le volviera a picar. Hoy en día Orión y Escorpión
ocupan posiciones casi diametralmente opuestas en la bóveda celeste.
Orión es la constelación más famosa del invierno
y Escorpión la más famosa del verano.