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A
fines de los años 60 la NASA tenía planes de construir una
estación espacial, especie de laboratorio orbital que serviría
para llevar a cabo investigaciones científicas y desarrollos tecnológicos.
Al mismo tiempo serviría como puerto desde donde emprender misiones
espaciales a la luna y los planetas.
Para llevar y traer
gente y carga entre la Tierra y la estación espacial hacía
falta un vehículo más práctico que los enormes y
caros cohetes que se habían usado hasta entonces. Hacía
falta un vehículo reutilizable. Así nació el programa
Sistema de Transportación Espacial, que después se conocería
simplemente como transbordador espacial. |
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Los transbordadores espaciales se lanzan al espacio montados en un tanque de hidrógeno líquido con dos cohetes de combustible sólido a los costados. Así se evita llevarse al espacio el peso extra del tanque y los cohetes de despegue, que ya no hacen falta en órbita. El vehículo orbitador aterriza como un avión normal, pero sin motor. | |
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Los transbordadores espaciales pueden transportar 30,000 kilos de carga hasta una altura de 480 kilómetros, suficiente para poner la carga en órbita. Algunos satélites y todas las sondas de exploración espacial tienen su propio sistema de propulsión para llevarlos a órbitas más elevadas, o para ponerlos en trayectorias que los lleven a otros planetas. Los transbordadores también sirven para dar mantenimiento a los satélites, reabastecer estaciones espaciales y recuperar equipo. Pero no son sólo vehículos. Como el Columbia en su último viaje, el orbitador también sirve como laboratorio para llevar a cabo investigaciones y demostraciones científicas. Dos éxitos espaciales lanzados por medio del transbordador |
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