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La gravedad en tierra hace que los objetos al caer se muevan con una aceleración de 9.8 metros/segundo2 (o “1 g”). Pero cuando saltas no sientes directamente esa aceleración (¿has visto que el pelo largo “flota” cuando salta la persona?). Lo mismo pasa en un avión que se deja caer desde muy alto para simular la falta de gravedad: el avión y todo lo que va en su interior van cayendo con la misma aceleración, por eso no hay aceleración relativa entre ellos. |
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El efecto es que, mientras el avión va cayendo libremente, todo flota como si no hubiera gravedad. Cuando el transbordador está en órbita también va “cayendo” continuamente hacia la Tierra, pero no baja porque al mismo tiempo se desplaza lateralmente a gran velocidad. Pero eso no quiere decir que no haya ninguna aceleración en la nave. En el espacio los movimientos de las máquinas de la nave y hasta el estornudo de un astronauta sacuden el vehículo. (El Columbia llevaba a bordo un acelerómetro tan sensible que detectaba hasta el movimiento de una perilla en el tablero de control.) Estas pequeñas aceleraciones se llaman microgravedad, y pueden llegar a afectar adversamente los experimentos. |
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