La
bóveda celeste: el cielo en una pelota transparente
Todos
los objetos astronómicos que vemos en el cielo se podrían
ubicar especificando la dirección en la que los vemos y la distancia
a la que se encuentran. La distancia es muy difícil de determinar.
En los últimos 300 años, más o menos, los astrónomos
han puesto a punto métodos para determinar la distancia a la
que se encuentran los astros. Para calcular la distancia a los planetas
y a las estrellas más cercanas se usa un método; para
estimar distancias estelares más grandes otro, y otro más
para distancias intergalácticas.
La
dirección, en cambio, es muy fácil de observar y de registrar
para usarla más tarde. Basta elegir un punto de referencia en
el cielo y observar en qué dirección respecto a ese punto
se encuentra el objeto que nos interesa. Los astrónomos usan
desde la antigüedad el punto conocido como polo norte celeste.
El polo norte celeste es el punto que verías exactamente sobre
tu cabeza si te pararas en el polo norte de la Tierra.

Para
ver por qué se empeñan los astrónomos en usar este
punto como referencia hagamos un experimento imaginario. Vayamos al
polo norte de la Tierra. Bien abrigados y provistos de repelente de
osos polares, nos paramos exactamente en el polo: el punto de la superficie
de la Tierra por donde pasa el eje de rotación de nuestro planeta
(hay otro igual en el sur: el polo sur). Si es de noche veremos el cielo
tachonado de estrellas como si estuviéramos parados en el centro
de una pelota de cristal en la que estuvieran pintadas las estrellas.
Esa pelota se conoce como bóveda celeste. Debido a la
rotación de la Tierra la bóveda celeste parece girar como
si estuviera ensartada en un palo, a razón de una vuelta cada
24 horas, más o menos. Aquí en el polo norte el palo está
en posición perfectamente vertical. Las estrellas giran en círculos
paralelos al horizonte, dando vueltas y vueltas sin jamás ponerse
ni salir. El punto que vemos exactamente sobre nuestras cabezas el
polo norte celesteno se mueve en absoluto. Por eso es una buena
referencia.
Por
casualidad hay una estrella que está ubicada casi en el polo
norte celeste. Es la estrella polar que usaban los marinos de la antigüedad
para orientarse. La reconocían porque era la única estrella
que no se movía. (En realidad sí se mueve un poco porque
no está exactamente sobre el polo.)

Si
ahora empezamos a avanzar hacia el sur veremos que el palo que
coincide ni más ni menos con el eje de rotación de la
Tierrase va inclinando hacia el horizonte, y con él la
estrella polar y toda la bóveda celeste. Los círculos
que describen las estrellas en el cielo dejan de ser paralelos al horizonte.
Conforme más al sur nos encontramos, más inclinada hacia
el horizonte vemos la bóveda celeste. En el ecuador el polo norte
celeste toca el horizonte y los círculos que describen las estrellas
se ven perpendiculares a éste.
La
inclinación de la estrella polar (y por ende del polo norte celeste)
sobre el horizonte es una buena medida de la latitud a la que se encuentra
el que observa. Los navegantes del hemisferio norte, desde los fenicios
hasta los de fechas muy recientes, usaron la estrella polar como guía.
Para medir su altura sobre el horizonte se inventaron diversos instrumentos,
como el astrolabio y el báculo de Jacob.

En
una latitud dada las constelaciones que se encuentran dentro de un círculo
de cierto tamaño alrededor del polo siempre estarán sobre
el horizonte. Por ejemplo, en el polo norte la mitad norte de la bóveda
celeste siempre se encuentra sobre el horizonte. Conforme nos alejamos
hacia el sur, el círculo de las constelaciones que nunca se ocultan
se va reduciendo. En el ecuador todos los puntos de la bóveda
celeste salen y se ponen con cada vuelta del planeta.
Historia
de la Estrella Polar
Menú