El 1 de enero de 1600, Kepler, de 28 años, abandonó su nativa Austria y se dirigió a Praga. En Austria se había impuesto una dinastía católica. Kepler era protestante y se vio en la necesidad de huir por miedo a que lo arrestaran por “hereje”.










Kepler se instaló en Praga en la casa de Tycho Brahe. Tycho tenía los mejores instrumentos astronómicos de la época y era un observador de agudísimos ojos. Además era un hombre muy rico. En una carta a su maestro, Michael Mästlin, Kepler escribió:

“Cada instrumento de Tycho vale más que toda la fortuna de mi familia. Es increíblemente rico, pero no sabe cómo usar bien su fortuna, como ocurre con la mayoría de las personas acaudaladas”.








Ésta es la primera página del libro en que Johannes Kepler explicó el complicado movimiento del planeta Marte.

Uno de los grandes cuadrantes de Tycho Brahe. Con su inmensa fortuna, Tycho se construyó un instituto de investigaciones astronómicas. Tenía los mejores instrumentos de observación de su época. Tycho hacía observaciones simple vista. El telescopio aún no se usaba en la astronomía.


Tycho distribuía el trabajo entre sus subalternos según las habilidades de éstos. Como Kepler ya tenía fama de buen astrónomo en esa época (y como Kepler le caía mal), Tycho le confió el problema más difícil: explicar el movimiento de Marte.

En esos tiempos los astrónomos pensaban que los planetas se movían en órbitas perfectamente circulares. Tycho creía, como muchos otros, que los planetas giraban alrededor de la Tierra. Pero Kepler estaba convencido (como Nicolás Copérnico) de que se movían alrededor del Sol.

Muchos astrónomos antes de Kepler habían tratado de ajustar las observaciones de Marte a una órbita circular, pero habían fallado. Sabiendo que el problema había vencido a colegas inteligentes, Kepler aceptó el encargo y dijo que lo podía resolver en ocho días

Tycho tenía las mejores observaciones de la posición de Marte en el cielo. Kepler las estudió y trató de acomodarlas en una órbita circular, como exigía la costumbre. Como no pudo, hizo una primera suposición atrevida: que Marte no recorría su órbita con velocidad constante. Volvió a fallar. Luego desplazó el Sol del centro de la órbita circular.

Otro cuadrante de la colección de Tycho. Los instrumentos de observación a simple vista ganan precisión con el tamaño. Tycho podía darse el lujo de construir los instrumentos más grandes.

Al cabo de cinco años y más de mil páginas de cálculos, Kepler pensó que estaba a punto de conquistar a Marte. Las posiciones que Tycho había anotado a lo largo de los años se ajustaban muy bien a una órbita circular recorrida con velocidad variable y con el Sol desplazado ligeramente del centro. Sólo dos de los datos de Tycho diferían de los cálculos teóricos de Kepler. Y diferían por muy poco. Otro astrónomo hubiera hecho la vista gorda y habría publicado sus resultados. Pero Kepler insistió: ¿por qué no se ajustaban esas posiciones a su modelo? ¿Qué se le estaba escapando?

Luego de mucho pensarlo, Kepler dio otro paso revolucionario: ¿y si la órbita no era circular, sino ovalada? Trazó dibujos, y graficó posiciones de Marte durante dos años más, buscando la ecuación que describiera una órbita ovalada. Por fin encontró una ecuación que se ajustaba a los datos. Era la ecuación de una elipse, pero Kepler no la reconoció y la descartó. Luego, como en una película de risa, Kepler se dijo: “¿y si la órbita fuera una elipse?” ¡Sorpresa! Recuperó la ecuación que había desechado y se dio cuenta de que había tenido la solución debajo de las narices sin darse cuenta. La elipse funcionó a la perfección. La órbita de Marte, y seguramente las de los otros planetas, no era circular, sino elíptica.

Galileo Galilei, contemporáneo de Kepler, fue el primer astrónomo que hizo observaciones con telescopio. Galileo estudió a Marte, pero fue Christiaan Huygens, científico holandés, quien vio por primera vez marcas permanentes en la superficie de Marte, en 1659. Observando el movimiento de esas marcas, Giovanni Cassini midió el periodo de rotación de Marte, el cual resulta ser muy parecido al de la Tierra. 24 horas 37 minutos.

Marte dejó de ser un punto brillante en el cielo para convertirse en otro mundo, quizá parecido al nuestro también en otros aspectos.



PRIMEROS EXPLORADORES