En 1877 ocurrió una oposición de Marte. Marte y la Tierra se acercaron mucho y los astrónomos aprovecharon la oportunidad para dirigir sus telescopios hacia el planeta rojo para estudiar su superficie.

Para el astrónomo italiano Giovanni Virginio Schiaparelli, director del Observatorio Brera de Milán, era el momento ideal para probar el nuevo telescopio de 21.8 centímetros. Schiaparelli se preparó evitando consumir sustancias que afectan al sistema nervioso, especialmente alcohol y café, que según él eran malísimos para la precisión de las observaciones.

Con esas observaciones, y otras hechas a lo largo de los 10 años siguientes, Schiaparelli dibujó un mapa de Marte muy detallado…quizá demasiado detallado. El astrónomo italiano bautizó los accidentes topográficos marcianos con nombres de la mitología griega y de la biblia. Pero lo más notable de su mapa es la red de líneas bien definidas con que Schiaparelli tapizó la superficie de Marte, y que llamó canales.










Marte según Schiaparelli El astrónomo italiano vio “canales”. La palabra italiana que usó se refiere a canales naturales, pero no faltó quien pensara que eran canales artificiales, construidos por una civilización marciana.

“Este nombre es un simple artificio”, advirtió Schiaparelli. “Después de todo, también hablamos de los mares de la luna sabiendo perfectamente que no son masas líquidas”. Pero, ¿había canales en Marte?

Muchos astrónomos que también habían observado Marte con detenimiento expresaron sus objeciones. El astrónomo estadounidense Edward Barnard escribió: “He estado observando y dibujando la superficie de Marte. Está llena de detalles. No cabe la menor duda de que hay valles y montañas, pero no podría creer en los canales que dibuja Schiaparelli ni aunque mi vida dependiera de ello. Veo detalles donde él no. Veo detalles donde él pone canales, pero no son líneas rectas ni por asomo. Estoy convencido de que los canales son falsos y que esto quedará demostrado con unas cuantas oposiciones más”.

Así se inició la moda de Marte en la comunidad astronómica. Unos veían los canales, otros no. La controversia no se podía zanjar. Aunque los canales podían ser simplemente cursos de agua naturales, no faltó quien los interpretara como prueba de que en Marte había seres inteligentes. El principal promotor de esta idea fue el astrónomo y millonario estadounidense Percival Lowell.





Idílico atardecer en Marte, según el ilustrador del libro Las tierras del cielo, del astrónomo francés Camille Flammarion. Flammarion creía que los canales eran artificiales.




Globo marciano con todo y canales. Convencidos de que los canales existían y que eran obra de una civilización marciana, algunos astrónomos los veían rectos. Lo que uno cree afecta a lo que uno ve.

Lowell construyó un observatorio en Flagstaff, Arizona. Entusiasmado por la posibilidad de vida inteligente en Marte, “vio” los canales y los representó en mapas en los que cada vez los dibuja más rectos. En una época en que las proezas de la ingeniería deslumbraban al público general, las ideas de Lowell encontraron suelo fértil donde germinar. En Marte había vida inteligente, los canales eran un sistema de riego o de distribución de agua a las zonas habitadas. Las variaciones de color que se veían en la superficie del planeta eran indicio de vida vegetal…

Desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX se escribieron muchos relatos acerca de Marte y sus canales. Luego los astrónomos descubrieron que la atmósfera de ese planeta era demasiado tenue y la temperatura demasiado baja para que ahí floreciera la vida. Al llegar la era espacial –y sobre todo después de las fotografías de la superficie de Marte de la primera sonda espacial—el mito de los canales de Marte se debilitó.

Hoy sabemos que en Marte sí hay “canales”, pero son lechos de antiguos ríos que fluyeron hace millones de años. Nada indica que haya existido vido inteligente en Marte. Lástima.


LOS FALSOS CANALES DE MARTE