La cosa ya no podía soslayarse. Para conocer Marte a fondo –para extraerle sus más terribles secretos—había que bajar a la superficie. Si hoy en día aún no tenemos los medios técnicos para llevar personas a la superficie de Marte, en los años 70 menos. Pero sí se podía soñar con depositar una nave llena de instrumentos en los desiertos del planeta rojo.

Los soviéticos lo habían intentado en 1971, pero su nave dejó de transmitir datos a los 20 segundos de haber empezado. Cinco años después, el 20 de julio de 1976, la atmósfera en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA estaba cargada de emoción. Muchos científicos y técnicos esperaban conteniendo la respiración la señal de que el laboratorio robotizado Viking 1 había aterrizado en Marte y se encontraba sano y salvo. Cuando la señal llegó, todos los presentes prorrumpieron en vítores y aplausos.





Viking 1 en configuración de vuelo. Las naves Viking tenían dos partes: un “orbitador” que se quedaba en órbita alrededor de Marte para tomar fotos y servir de estación retransmisora, y un robot de superficie equipado con instrumentos para explorar la composición química y propiedades físicas de la superficie del planeta.




La primera foto tomada en la superficie de Marte: la pata del Viking 1 firmemente apoyada en el suelo marciano, el 20 de julio de 1976.

 

Los dos laboratorios Viking estaban equipados con instrumentos para tomar fotografías, descubrir de qué están hechas las rocas de Marte, medir la presión, temperatura y velocidad del viento en la atmósfera del planeta, detectar temblores…. Pero los experimentos más interesantes que tenían que hacer consistían en tratar de detectar reacciones químicas relacionadas con la vida.

 




Paisaje marciano en las inmediaciones del Viking 1. En primer plano se ve parte del cuerpo de la nave y el brazo móvil que recogió muestras del suelo marciano para analizar.




Basura en Marte. La cápsula protectora del brazo móvil del Viking 1 tirada junto al surco que hizo el brazo para recoger una muestra de suelo marciano. Nadie la recogió.

 

Las naves Viking fueron a Marte a buscar vida. Todo, desde el equipo de laboratorio de abordo hasta el lugar de aterrizaje, estaba encaminado a aumentar las probabilidades de encontrar algo con vida en el planeta rojo. Nadie esperaba encontrar marcianos como los de las películas. Lo que buscaban los Viking era microorganismos.

Encontraron un planeta con una atmósfera compuesta de 95 por ciento de bióxido de carbono con trazas de nitrógeno (gas que en la Tierra constituye el 78 por ciento de la atmósfera), oxígeno y vapor de agua. Las rocas contienen en esencia los mismos elementos que las rocas terrestres. Pero no encontraron en la atmósfera gases que sólo se pueden mantener ahí si hay vida, ni en las rocas compuestos orgánicos (que estarían presentes si hubiera microorganismos). En vista de estos resultados, los científicos perdieron la esperanza de detectar vida en Marte. Y por eso se llevaron una sorpresa cuando los experimentos de biología dieron resultados positivos.

Pero los científicos son incrédulos por necesidad. Antes de creer que los experimentos habían detectado vida, lo que todos deseaban fervientemente, había que examinar muy bien otras posibilidades. A diferencia de los demás, que creemos fácilmente lo que nos gusta creer aunque no haya pruebas, un científico nunca acepta un resultado sin estar muy seguro de que es la única explicación posible. Y buscando otras explicaciones más simples, las encontraron… para gran desilusión de todos. Pero siempre es mejor no engañarse (por lo menos en la ciencia). Las naves Viking no encontraron vida en Marte…

…o quizá sería mejor decir: no encontraron vida en sus lugares de aterrizaje. ¿Podría ser que los marcianos estuvieran viviendo en otra parte? Es poco probable, pero la esperanza muere al último.

 

DOS VIKINGOS
EN MARTE