No te creas todo lo que lees en el periódico. Los periodistas a veces se equivocan. El 13 de enero de 1920 el New York Times, uno de los diarios más prestigiosos del mundo, metió la pata olímpicamente. El artículo culpable hablaba sobre el profesor Robert Goddard, de la Universidad Clark de Worcester, Massachusetts. Goddard había publicado un artículo técnico titulado “Método para alcancar altitudes extremas” en el que afirmaba que se podía llegar a la luna usando cohetes. El periódico se burlaba de Goddard. ¿Cómo podía impulsarse un cohete en el espacio vacío, si no había atmósfera contra la cual empujar? “Al profesor Goddard”, concluía el artículo del New York Times, “le faltan conocimientos que se imparten diariamente en las secundarias”.
Si te parece bueno el argumento del New York Times visita la página de la tercera ley de Newton.
Pero el que carecía de conocimientos elementales de física era el autor del artículo del periódico. Un cohete no se impulsa empujando contra la atmósfera, sino porque el fuselaje y las partículas de la llama se empujan mutuamente. Unas salen despedidas hacia atrás y el otro hacia delante (la ley de la acción y la reacción en…ejem…acción). No hace falta que haya atmósfera.
Goddard era un científico muy serio y discreto. Este roce con la prensa lo hizo caer en una hosquedad rayana en la misantropía y no volvió a anunciar sus descubrimientos teóricos ni sus experimentos con cohetes. De poco le valió, como veremos.