A los científicos les pareció divertido señalar el aspecto de esta meseta en la información que la NASA envió a la prensa el 31 de julio de 1976. “La foto muestra accidentes geológicos en forma de mesetas, algo erosionados. La descomunal saliente de roca del centro, que parece un rostro humano, está formada de sombras que dan la impresión de ojos, nariz y boca. Esta formación tiene 1.5 kilómetros de ancho y los rayos del sol inciden con un ángulo de 20 grados, aproximadamente…”
Nadie en la NASA pensó ni por un momento que la “cara” fuera más que un capricho de la naturaleza y la fotografía. Pero cuando se publicó la foto (con el sugestivo comunicado de prensa de más arriba) no faltó quien se convenciera de que en Marte había existido (o existía aún) una civilización de humanoides.
Cualquier científico estaría de acuerdo en que eso sería maravilloso. Nos encantaría poder creer que la “cara de Marte” es de veras una cara, construida por seres inteligentes. Pero un científico somete a prueba hasta sus deseos más intensos. No quisiéramos engañarnos a nosotros mismos en un asunto tan importante. ¿Qué otra explicación –más probable que la de la civilización marciana—puede tener la cara?
Hoy en día tenemos fotografías mucho más detalladas de la “cara de Marte”. Aquí está una, tomada por la nave Mars Global Surveyor en 1997:












La cara de Marte vista en detalle por el Mars Global Surveyor. ¿Sigue pareciendo una cara? ¿Por qué?
En la Tierra también hay objetos que parecen caras sin serlo. El cerebro humano siempre busca patrones en la información que le llevan los sentidos. A veces, si no encuentra una explicación, la inventa.












Caras terrestres que tampoco son caras.
Las caras son los patrones preferidos del cerebro, por eso las vemos por todas partes.