Selección natural:
el filtro creador

Contenido: Sergio de Régules Ruiz-Funes
Diseño: Javier Ernesto González Piña
Red Escolar, México 2007
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Cuando los capitanes de dos equipos contrincantes escogen a sus jugadores antes del partido en el patio de recreo, seleccionan con cuidado a los jugadores. Los capitanes actúan como filtros que dejan pasar a los jugadores que ellos creen que son buenos y dejan fuera a los otros. Así los capitanes crean un equipo fuerte, con más probabilidades de ganar…o por lo menos eso creen. A veces, filtrar es crear.

Las especies de seres vivos de hoy —desde las bacterias hasta las ballenas— son resultado de un proceso de filtrado de miles de millones de años. El filtro se llama selección natural y es el principal mecanismo generador de novedades biológicas en la naturaleza. Nadie la opera. El proceso surge de la manera más natural en ciertas condiciones. Veamos.

Cangrejos con cara de samurai

En una región de Japón hay una especie de cangrejos con marcas en el caparazón. Las marcas recuerdan la cara de un guerrero samurai. ¿Cómo es posible?

Cangrejo heike: producto de siglos de selección artificial.

Así lo explican los biólogos contemporáneos: en esas aguas vivían cangrejos con caparazones marcados, pero cuyas marcas no le hubieran recordado nada a nadie. Los habitantes de los pueblos costeros los pescaban y se los comían sin el menor remordimiento.

Las marcas de los cangrejos dependen de los genes, de modo que varían de un cangrejo a otro, pero se parecen entre padres e hijos. Por efecto del puro azar, un cangrejo (o una familia) aparece con marcas que a un pescador japonés se le figuran vagamente una cara. Quizá ese pescador, al ver el caparazón del cangrejo que acaba de pescar, siente repugnancia de comerse ese cangrejo. Por lo tanto, lo devuelve al mar y pesca otros. El cangrejo marcado puede así tener hijos, a los cuales les heredará marcas parecidas a una cara.

Guerrero samurai

Al paso del tiempo, el proceso se repite miles de veces con otros cangrejos y otros pescadores, a lo largo de varios siglos: los pescadores se comen sin miramientos a los cangrejos que no les recuerdan nada, pero dejan libres a los que tienen marcas parecidas a rostros. Así, los cangrejos sin cara se van acabando y los que, por casualidad, tienen marcas de samurai, van quedando. Entre tanto, las marcas también van variando de un cangrejo al otro. Unas se parecen más a una cara, otras menos. Mientras más se parezcan las marcas a la cara de un guerrero, más probabilidades hay de que el pescador devuelva el cangrejo al mar. Para los cangrejos, parecerse a un samurai es una ventaja. El que más se parece, más probabilidades tiene de dejar descendencia. Así, al paso de las generaciones, los descendientes de los primeros cangrejos con marcas de cara se van pareciendo cada vez más a un guerrero samurai. La selección ha transformado a una población completa para convertirla en una nueva variedad de cangrejo.

La leyenda del príncipe Antoku, dirigente del clan heike. Antoku, de siete años, pereció en el mar con casi todo su clan en la batalla de Danno Ura, en 1185. Aún antes de la leyenda, a los pescadores puede haberles repugnado comerse un cangrejo con marcas parecidas a una cara.

En este caso la selección es artificial porque se debe a la acción seleccionadora de los pescadores, pero también podemos considerar a los pescadores como un elemento del entorno de los cangrejos. La selección de cangrejos con cara de guerrero samurai no se debe de ninguna manera a los deseos de los cangrejos. Se les impone desde afuera: su entorno contiene un filtro que favorece a unos y tiende a eliminar a otros. Ni siquiera tiene que ver con lo que les conviene a los cangrejos en general. Si esta historia hubiera ocurrido en otros mares, quizá los pescadores hubieran ido seleccionando cangrejos con marcas parecidas a los rostros de otras razas de humanos. Observen también que un cangrejo con marcas que recuerdan una cara no es ni mejor ni peor cangrejo: es sólo un cangrejo con más posibilidades de sobrevivir en un entorno que contiene pescadores humanos. La selección opera automáticamente y tiende a dejar individuos adaptados a las condiciones prevalecientes.

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