Las
primeras huellas de la existencia del caballo se remontan a la época
en que los grandes reptiles se sumían en los cenagales cretáceos
de la Edad Media Geológica y en los que aparecieron los primeros
mamíferos. 120 millones de años después de
la existencia de los mamíferos surge una criatura del tamaño
de una zorra ( con una altura entre 25 y 45 centímetros en
la cruz), de cuatro dedos en los miembros anteriores y tres en los
posteriores y con una dentición propia del frugívoro,
a la cual la ciencia le ha dado el nombre de eohippus, al caballo
del periodo eocénico, en la segunda época de la era
terciaria, unos 58 millones de años antes de Cristo. Los
trastornos climáticos implicaron una evolución gradual
del eohippus, fue obligado a adaptarse a las transformaciones del
medio ambiente y al descenso progresivo de las temperaturas a lo
largo del periodo terciario. Los miembros del animal crecieron,
su dentición se alargó adaptándose al pasto
de que debía nutrirse; a media que se endurecía el
suelo, sus dedos laterales se atrofiaron y el centro creció
y se reforzó.
En el transcurso de migraciones considerables, estos animales poblaron
los continentes de Europa, Asia y América, unidos aún
entre sí, salvo América del sur, En América
del norte sus descendientes experimentaron una transformación
gradual que dio lugar al equus actual, algunas de las especies intermedias
migraron a otros continentes; finalmente, la primera glaciación,
hizo desaparecer el equus de América del norte. La vida del
caballo salvaje fue una huida perpetua, perseguido por depredadores,
su único recurso era la velocidad.
Se ignora la época exacta en que tuvo lugar su primer encuentro
con el hombre, se sitúa probablemente en la era diluviana;
no se conoce donde y cuando fue domesticado el primer caballo, quizás
fue en Asia, en la época en que las corrientes del periodo
glaciar se secaban. Apenas el hombre domesticó al caballo,
decidió el número de animales de sus rebaños
por reproducción controlada y los fue llevando a pastos elegidos
por él. Los caballos salvajes, los verdaderos caballos primitivos,
tenían un color que iba del gris ratón al café
con leche. El caballo actual, el Eqqus cabllus doméstico,
presenta cuatro pelajes simples, de un solo color: negro, blanco,
alazán y tordillo; tiene casco que corresponde al dedo medio
y belfos poderosos para recoger el alimento. En todas las partes
del mundo se crían caballos, su distribución no conoce
fronteras políticas, es únicamente función
del clima y de las condiciones de vida. En algunos países,
han perdido importancia los servicios que prestan a los hombres,
y los objetivos de la cría y el empleo de los caballos han
evolucionado en consecuencia, ahora más que de carga y guerrero
que todavía los hay, los caballos son de exhibición,
carreras y salto. En nuestros días la familia de los caballos
y sus innumerables ramificaciones cubren toda la superficie de la
Tierra.