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Todos leemos el mundo, y eso antecede a la lectura de las palabras. Esas lecturas, variadas y significativas, las hemos ido aprendiendo en el camino desde que éramos muy pequeños. Algunas lecturas son universales; y otras no, éstas últimas las percibimos desde nuestras diferencias personales. Desde chiquitos aprendimos a leer el pecho de nuestra madre, o el abrazo cariñoso, o el eco de nuestro llanto cuando nos sentíamos solos.
Esas lecturas son nuestros saberes previos, que llevamos dentro desde el primer día que acudimos al jardín de niños. Los pequeños poseen su propia decodificación de signos, y de ninguna manera son tabla rasa u hoja en blanco.La palabra escrita vive en los libros, y nosotros creemos firmemente que nunca es demasiado temprano para procurar su acercamiento. Mientras más temprano tenga lugar, más posibilidades hay de que se convierta en una parte indispensable de el universo afectivo de los niños. En ese encuentro fértil y creativo, los padres de familia y educadores somos una pieza clave.
A este espacio en Actividades Permanentes: La casa de las palabras, lo mueve el amor a los niños y a los libros. Está dedicado a educadores del nivel preescolar, padres de familia y personas interesadas en estos temas, para que de manera temprana estimulen a los pequeños con objeto de que pueblen su mundo con palabras teñidas de afecto, que incidan en su sensibilidad, ideas y valores. |
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