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Desde siempre escuchamos. “Es bueno soltar la mano”. Y si tenemos crayones a mano o pinturas digitales, de muchos colores, qué mejor manera de hacerlo. Cada color le dice al niño algo, y bajo su mano, las hojas de papel comienzan a quedar coloreadas: primero con trazos inciertos y después con trazos más decididos y seguros. El pequeño toma en su mano el ejercicio de la expresión, y entre más pronto tome los colores y se adueñe de ellos, tanto mejor. Está conociendo su entorno, y al tomar el amarillo del canario (que no deja de cantar), el rojo de la sandía (recién partida) y el negro, muy negro (de la noche), junta un color cerca de otro y crea contrastes, deja un espacio sin colorear y crea vacíos. |
Y todo, absolutamente todo lo que él plasma, tiene un sentido único y personal. Por todo lo que pintar implica para un niño, es mejor no perder tiempo: imprimamos para él cada imagen que le brindamos en esta trazoteca, y después de abrazarlo y besarlo con ternura, ofrezcámosle los materiales necesarios para haga suya la expresión plástica.

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