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La madurez del hombre
es haber recobrado la seriedad
con la que jugábamos
como cuando éramos niños
Nietzsche
Compartir es el verbo clave para Di por qué. Acción y reflexión van de la mano con cada una de las historias que los abuelos cuentan a sus nietos y nietas. Al convidarse relatos, risas, recuerdos, experiencias y un extenso, pero grato, etcétera, nietos y abuelos interactúan, se (re)conocen como mutuos protagonistas y herederos de un devenir común, se perciben como familia: se comparten. ¿Qué creen? Yo tengo el privilegio de tener todavía a mi bisabuelita con vida, se llama Francisca Martínez pero de cariño todos le decimos Panchita, es muy viejita, tiene 89 años. Ella vive cerca de mi casa y seguido la vamos a visitar, cuando le platiqué que íbamos a hacer una actividad de los abuelitos se sonrió y me dijo que le preguntara lo que quisiera, pero que a lo mejor ya no se acordaba de muchas cosas... Liliana Guadalupe Pérez Martínez Así, en este proyecto, cada crónica posee en sí misma un saber que es valorado particularmente en el mundo interior de cada nieto. Por ejemplo, al escarbar en la infancia del abuelo, el alumno conoce nuevos juegos, pero también descubre coincidencias de los suyos con los de antes. Descubre que divertimentos como "El Bebeleche" o "Avión", "Las Escondidillas", "Las Traes" o "La Roña" se han quedado colgados en el tiempo, sostenidos por generaciones en el catálogo de diversiones infantiles, debido al simple placer de correr, gritar o brincar. Goce que el nieto o la nieta intuyen de facto en sus abuelos, y se regocijan de encontrarlo en ellos. Aunque probablemente nunca los hayan visto correteando a alguien para pegarle la roña. Despacito, y como cuando sale el sol, los y las abuelas, por su parte, renacen mirando fijamente a lontananza al recordar a qué jugaban; de súbito despierta la algazara de ayer, cuando niños, cuando niñas; después de un letargo lleno de años y de ese aserrín menudito que hace reír, y que los abuelos siempre tienen guardado en las bolsas del suéter o del pantalón. ![]() Carlos, nos escribió diciendo que, aunque casi no conocía a su abuelo Gilberto, al participar en Di por qué se animó a hacer este poema en que imagina a su abuelo niño. Pequeño niño Carlos Así, la palabra es la aguja que hilvana cuidadosamente cada huella en esta aventura entre generaciones. Palabras que se significan no sólo por su valor intrínseco, sino porque emisor y receptor comienzan a darle sentido al acto comunicativo, retroalimentándose en relatos de los abuelos y en escritos de los nietos y viceversa; construyendo, como iguales, un entendimiento recíproco. Es a través de la palabra oral que el abuelo se transmite y se mira en su nieto. Por su parte, es mediante la palabra escrita que el alumno se comprende como parte de la historia de su comunidad, de su familia, de su abuelo. Mi abuelito, Aurelio González, me contó que vivía humildemente y que casi no comía dulces; se vestía con la ropa que dejaban sus hermanos porque ya no les quedaba; también los zapatos que usaba eran los que dejaban sus hermanos o a veces andaba descalzo. Vivía en una casa de adobe y su mamá cocinaba en un fogón, dice que ahí también hacía las tortillas y mi bisabuelita se iba muy temprano a moler el maíz. Tempranito empezaba a hacer las tortillas y ese olor tan rico era lo que lo despertaba con mucha hambre. Andrea Valadez ![]() Al mirar el ayer a través del hálito evocador de cada porción de vida del abuelo, los alumnos se acercan a la historia de la vida cotidiana de manera diferente. Los acontecimientos adquieren una nueva dimensión al ser contados por un testigo directo. Así, la comprensión del pasado para la explicación del presente toma forma de una manera natural, determinando el propio devenir con un sentido de pertenencia y correlación. Compañeros del proyecto, la historia que les contaré en esta ocasión es una historia de amor. Ahí les va: Mi abuelita de joven tenía un novio y al parecer se querían mucho. Un día conoció a un joven llamado Walter y los dos al verse, Cupido los atrapó, al poco tiempo se casaron y hasta la fecha siguen juntos y viven muy felices. Amiguitos no se lo digan a nadie, porque mi abuelita, cuando me lo estaba contando, lo decía muy despacito, porque mi abuelito estaba cerca y lo podía escuchar, y él es muy celoso. Karen Edith Aguilar López |
O bien: Hoy fui con mi abuelito, hicimos cebiche y le dije lo del trabajo [se refiere a las actividades de Di por qué] y me empezó a platicar. Dice que sus tiempos le gustaban más porque con cincuenta centavos compraba muchas cosas. Mi abuelito me empezó a contar la historia de su comunidad. Él me dijo que aquí en Mazatlán había muchos venados, pero el hombre empezó a cazarlos y me dijo que su papá, o sea mi bisabuelo, iba a los bosques donde habitaban los venados y le gustaba ver la cantidad de venados que bajaban a beber agua, le decía que era un pecado que los mataran porque se los iban a acabar. Ahora ya no se ven venados en los bosques, menos en Mazatlán. Pablo La sorpresa es otra característica que acompaña a los participantes de Di por qué. Maravilla, admiración y asombro se entrelazan continuamente. Maravilla cuando abuelo y nieto se revelan, admiración cuando se observan; asombro cuando se descubren. Hola compañeros del proyecto Di por qué Soy Abelardo del 4o. A y me siento muy contento de poder compartir con ustedes y con mi abuelita Blanca esta experiencia que nos da el proyecto Di por qué. Yo soy la abuelita de Abelardo, mi nombre es Blanca y me siento muy emocionada por estar con mi nieto compartiendo estos momentos, y usar estos aparatos de la tecnología moderna que sí conocía pero no los había manejado. Espero que como estudiante le saque el mayor provecho posible. Saludos a todos de la abuelita Blanca y su nieto Abelardo
Terán Pero el descubrimiento también es fiesta. Los nietos, las nietas, en diversas ocasiones dentro del proyecto han colmado a sus abuelos en una celebración para la que ha reunido los sueños de su abuelo o abuela: rostros y recuerdos, música y manjares, nombres y cartas recién desempacadas de un fantástico baúl biográfico. Mi abuelita Mary estaba enojada conmigo, entonces, en la noche, invité a todos los familiares a organizarle un pequeño homenaje. Empezamos a prepararnos y cada uno de los nietos le dijo unas palabras que la hicieron llorar, pero de alegría, junto con mis papás le cantamos las mañanitas. Era tal la emoción que tenía, que parecía una niña, con juguete nuevo, empezamos a partir el pastel y a las doce de la noche terminó la fiesta y mi abuelita tranquila se durmió. Sandra Yazmín Sánchez Vázquez Al final del proyecto, cada nieto tiene los elementos iniciales para realizar un breve reportaje, una pequeña narración a manera de homenaje para sus abuelos. El que sigue es sólo una muestra: La gran historia de mi Abuelito Esta es la historia de mi abuelito Hermenegildo. Dos horas al día platicaba con él, me contaba muchas historias, anécdotas y cuentos, me pasaba el rato sin darme cuenta. Mi abue, de niño, soñaba con tener un rifle, pero, lo cual era lógico, nunca se lo comprarían. Cuando creció, él trabajó y, con el dinero que le pagaron por su trabajo, lo pudo comprar. Tenía muchas ganas de ir de cacería, se juntó con un amigo y fueron al monte, cuando de repente vieron una liebre y ¡tun, tun! Dispararon, con tal puntería que le dieron en una pata, cual fue su sorpresa al darse cuenta que la liebre tenía crías. La curaron de la patita y la dejaron libre; desde ese día a mi abuelo ya no le llamó la atención de matar animales, por el contrario, desde ese día cuidaba a todos los animalitos. Me contó una leyenda media espeluznante, llamada "El niño Tosoc": Cuenta esta leyenda que un matrimonio no podía tener hijos, después de tantos tratamientos por fin pudieron procrear uno. Contentos los papás lo bautizaron, al tiempo de echarle el agua bendita el niño empezó a dar de gritos, la madrina lo trató de consolar, el niño le sonrío y se dio cuenta la madrina, de que el niño tenía unos colmillos negros, se asustó tanto que lo aventó y el niño rodó por la iglesia, se puso de pie y salió de la iglesia desapareciendo. Después de 5 años, un trabajador encontró a un niño solo y harapiento que le dijo ¡ven, ayúdame, ellos me quieren pegar! El trabajador contestó ¿quién te quiere pegar?, el niño le mostró sus colmillos negros y salió corriendo. El señor se asustó tanto que pidió su renuncia en el trabajo. Tiempo después se enteró la madre que había visto a un niño de la edad de su hijo, ella fue a buscarlo y encontró al niño desarrapado, lo abrazó, pero el niño la rechazó y le dijo; ¡tú me quiere pegar!: vete, aléjate... Entonces, el niño le enterró sus garras en la espalda y lo soltó. El niño corrió. Desde entonces ya no se volvió a ver al niño perdido. Mi abuelito Hermenegildo me contó que en sus tiempos mucho se usaron zapatos blancos y negros; él siempre quiso tener unos, pero como eran bastante pobres, el usaba guaraches y se quedó con las ganas. Cuando ya creció, escogió el oficio de zapatero y, cuando ya supo hacer zapatos, no se quedó con las ganas y se hizo sus zapatos, ¡qué tanto le gustaban! "¡Que bueno Abuelito!", que no te quedaste con las ganas, le contesté. Me contó que cuando vio por primera vez la televisión se sorprendió mucho y dijo ³¡Ay caramba, saquen a esos monicacos de adentro!² El primer programa que vio, fue de un perro que le llamó mucho la atención. Este proyecto me sirvió para conocerlo y recordarlo con mucho cariño y admiración a mi abuelito Hermenegildo Ponce de León Luna. En el transcurso del mismo, se fue para siempre, descanse en paz. Sofía Domínguez Ponce de L. ![]() Epílogo Di por qué no es un proyecto resucitador de viejas costumbres incompatibles con la dinámica social actual. Su sentido efectivo es recuperar el valor social y real de los abuelos, a través de la historia oral y la escritura. Incluso reivindicativo de la trascendencia que los abuelos tenían para nuestros antepasados: fuente inagotable de conocimientos y cariño, así como predecesores de nuestra propia existencia.
Ezequiel Tinajero |
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