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Informática para todos

Los procesadores de texto: valiosos auxiliares en la labor docente

Software es, según la definición que hace una enciclopedia electrónica de muy extendido uso por todo el mundo, un "programa de computadora..., serie de instrucciones responsables de que el hardware, es decir, la máquina, realice su tarea". Y un procesador de textos es, como su nombre lo sugiere, un software creado para "procesar", es decir, para trabajar con textos: moldearlos, armarlos, darles un formato específico y enriquecerlos de mil maneras.

Aun cuando estos programas no fueron especialmente desarrollados para auxiliar al maestro en su labor, ciertamente han llegado a convertirse, dada su acelerada evolución, en una herramienta muy útil para hacer más rápido y eficiente el manejo, archivo y procesamiento de la información que compone la vida cotidiana en el aula.

Aceptar que un programa de computadora pueda venir a insertarse en las más recónditas funciones de nuestro trabajo, no siempre es un paso fácil de dar. Pero es un hecho: este tipo de software puede hacer mucho más llevaderas todas esas labores que, de tan escondidas, resultan a veces invisibles para las personas que rodean al educador y, sin embargo, pesan como sacos de arena sobre su espalda: el manejo de listas de todo tipo, la elaboración y calificación de exámenes, la redacción y presentación de reportes y otros textos que tienen como destinatarios a los alumnos, los padres, las autoridades del plantel, etcétera.

--¿Y qué es esto? --ha sido, poco más o menos, la expresión recurrente de algunos maestros al encarar una brillante pantalla electrónica que muestra un cuadro semejante al de la imagen, con todos esos coloridos y crípticos iconos desplegados, burlones y desafiantes....

--¿Y qué se supone que debo hacer? --se dice nuestro educador, sentado frente a la máquina. Ahora se suma, a mi trabajo de siempre, el de entenderle a esto y ajustarme a sus reglas impersonales. Me niego a someterme a la tiranía de la máquina... Me quedo con el papel y el lápiz: no necesito más.

Pareciera que la tecnología, antes que facilitar las cosas, las hiciera más difíciles, y por lo mismo, son perfectamente comprensibles actitudes como la señalada arriba. Pero las cosas no son así... Y, precisamente, el objetivo principal de este artículo es ofrecer a usted un poco de información acerca de las características generales de los programas procesadores de texto, para que vaya familiarizándose con ellos, digamos que "tomándoles confianza" y, en la medida en que lo juzgue conveniente, pueda integrarlos a sus labores cotidianas.

Un vistazo histórico

Podemos decir que las antiguas máquinas de escribir fueron las antecesoras directas de los actuales procesadores de texto. Para corregir cualquier error no había más que echar mano de los recursos tradicionales, como la goma, el papel de tinta blanca, etcétera. Con el agregado de que cada versión era una y sólo una, de pe a pa, aunque se hubiera usado papel carboncillo para elaborar n copias. Realizar una nueva versión del texto significaba escribirlo de nuevo.

Hacia el inicio de la década de 1970 se lanzaron al mercado los primeros procesadores electrónicos de texto, que eran computadoras dedicadas, es decir especializadas en el trabajo con textos; y no como las actuales PC, que pueden también correr otro tipo de programas, ya sea de diseño, de cálculo, etcétera. Estas primeras máquinas electrónicas permitían la manipulación de un texto mediante su visualización en una pantalla, de manera que resultaba posible corregir los errores antes de pasar al proceso de impresión. Éste fue en verdad un gran paso, pues el usuario podía, en pantalla, cortar palabras, acomodar párrafos, cambiar el tipo de letra y aplicar otras funciones sencillas. El problema era que aprender a usar estas máquinas resultaba complicado y el equipo era costoso.

En la década de 1980 fueron lanzados al mercado los primeros programas procesadores de texto, diseñados para usarse en computadoras personales (PC). Se trataba de simples editores que permitían mover palabras, cortar párrafos, reacomodar textos y, a veces, alinear columnas de texto, encabezados, resaltar en negritas y subrayar palabras.

Pronto aparecieron, como funciones agregadas a los procesadores de texto, los correctores ortográficos, los diccionarios, los diccionarios de sinónimos y las funciones "macros", con las que se facilitaba la automatización de la ejecución de tareas repetitivas. Los programadores dotaron a sus nuevas creaciones de herramientas para la elaboración y edición de notas, tanto al pie de página como al final del fichero. Hubo herramientas para la ordenación de listas, la generación de índices, la producción de tablas de contenido, la aplicación de ecuaciones científicas, y los famosos métodos de línea roja, con los que es posible encontrar en un instante errores que de otra manera llevaría mucho más tiempo localizar.

Más adelante los procesadores de texto comenzaron a incluir funciones de creación y edición de todo tipo, de gráficos, hojas de cálculo, corrección gramatical, inserción de hipertextos y mucho más. Actualmente es posible producir, con un solo procesador de textos, lo que antes se tenía que hacer con diferentes programas de diseño, de edición, hojas de cálculo, etcétera, e incluso podemos elaborar elementales productos multimedia y publicarlos en Internet.

La interfaz gráfica:
el "rostro" del procesador

El proceso de incluir tantas funciones en un solo programa generó un grave problema: cómo poner todas estas posibilidades en manos del usuario, sin obligarlo a hacerse de un complejo manual o a tomar un curso especializado. La solución vino con el uso de interfaces gráficas. La interfaz de usuario, o interfaz gráfica de usuario, es la forma como aparecen en pantalla los comandos de un programa: por medio de botones, colores, símbolos y ventanas.

La interfaz tiene dos principales "misiones": la primera es informar al usuario acerca de los elementos que tiene a su disposición y para qué sirven, y la segunda es brindar la posibilidad de elegir entre las distintas opciones.

Ahora revisemos brevemente la interfaz de un procesador de textos muy popular. Debemos hacer notar que, dada la flexibilidad que existe para que el usuario "personalice" la interfaz, es decir distribuya a su gusto los elementos que la componen, el ejemplo que usamos es sólo una posibilidad dentro de las muchas para que aparezcan ordenados en la pantalla los elementos de la interfaz.

De manera sintética, la interfaz consiste en un área de trabajo rodeada por diferentes barras en las que se encuentra dispuesta una buena cantidad de botones. En la parte superior (1) tenemos la Barra de título del programa, que nos indica el nombre del programa que utilizamos así como el del archivo con el que estamos trabajando.

La Barra de menús (2) está compuesta por botones que, al click, despliegan una oferta de funciones. Esta "persiana" recibe el nombre de menú porque pone a nuestra disposición diversas opciones, entre las que podemos elegir.

Al hacer click en alguno de los botones que componen la Barra de herramientas "estándar" (3), se activa una determinada función: pegar, cortar o copiar texto, imprimir, guardar, etcétera. El método para aplicar una función consiste en bloquear la sección del texto que se quiere modificar y hacer click en el icono correspondiente a la función deseada. La Barra de herramientas formato (4) contiene funciones que modifican las características de la fuente o tipo de letra con que está escrito el texto, así como el tamaño y la alineación de los párrafos. Con las funciones agrupadas en esta barra también es posible alterar el color del texto y subrayar palabras, como si usáramos un marcador fluorescente en una hoja impresa.

Nombre de la barraCaracterísticas
Tablas y bordes (5)En esta barra se agrupan los iconos correspondientes a una importante serie de funciones: la del manejo de tablas, muy útil para llevar el registro tanto del rendimiento de su grupo en conjunto, como el individual de cada alumno.

Con la Barra de herramientas imagen (6), el usuario puede controlar las características de las imágenes que ha insertado en un texto: puede hacer que las columnas de palabras rodeen a las imágenes, que queden detrás o delante de ellas o hacer semitransparente la imagen y colocarla como fondo de la página.

La Barra base de datos (7) contiene funciones que permiten al usuario crear ficheros tan minuciosos como quiera y posteriormente cruzar a su antojo la información contenida en ellos. Con las funciones agrupadas en la Barra de herramientas Web (8), el usuario puede armar sencillas páginas Web, listas para ser publicadas en Internet. La Barra portapapeles (9) contiene iconos correspondientes a archivos de trozos de texto que el usuario ha cortado para luego pegar en otra parte. Las Reglas (10) sirven para colocar objetos en la página, alinear columnas de texto y otros elementos similares.

El área de trabajo (11) es ese gran espacio en blanco en el que se muestra el avance y estado de nuestra labor, y que nos brinda una idea precisa de cómo se verá nuestro texto una vez impreso. Una función muy útil para los usuarios que no tienen mucha experiencia en el manejo de este tipo de software, es la Ayuda (12) a la que se puede recurrir en momentos difíciles mediante el planteamiento de preguntas con un lenguaje sencillo acerca de cómo utilizar las distintas herramientas.

La Barra de avance horizontal (13) sirve para movernos de derecha a izquierda y viceversa a lo largo del documento que tenemos en pantalla, y además contiene algunos botones que nos ofrecen vistas diferentes de nuestro trabajo.

En la Barra dibujo (14) se encuentran los iconos de las funciones que permiten al usuario diseñar imágenes más o menos complejas, además de esquemas, cuadros analíticos y organigramas, recursos todos ellos cuya aplicación en las necesidades cotidianas del maestro es muy frecuente.

En la Barra de estado (15) podemos localizar información tal como el número de páginas totales de nuestro texto, la página en la que nos encontramos, la línea, la columna, etcétera. Finalmente, la Barra de estado no corresponde al procesador de textos sino al sistema operativo: en ella se despliega información acerca de los programas (incluyendo nuestro procesador), así como la hora y fecha actuales y otros datos que van más allá de lo relativo a nuestro escrito.

Aplicaciones concretas

Para finalizar esta presentación, ofrecemos a usted una tabla (generada en procesador de textos) de algunas de las posibles aplicaciones que en la labor docente pueden darse a las funciones de los actuales procesadores de texto. Por supuesto es sólo una aproximación pues el uso del software, como el de cualquier herramienta, es cosa de habilidad e imaginación.

FuncionesPosibles aplicaciones en el trabajo docente
Cortar, copiar, pegar...Elaboración agilizada de todo tipo de textos, tanto de consumo del maestro como dirigidos a alumnos, padres o autoridades.
ColumnasOrganización de la información en temarios, apuntes y demás materia didáctico
Buscar y remplazarCorrección acelerada de todo tipo de textos.
Revisión OrtográficaCorrección acelerada de todo tipo de textos.
ImprimirReproducción rápida e ilimitada de documentos escritos.
Tablas y bordesElaboración de todo tipo de listas: control de asistencias, entrega de tareas, pago de cuotas, etc...
Hojas de cálculoAdministración acelerada de la información contenida en una tabla
DibujoElaboración de esquemas, gráficos y demás material didáctico.
Formato de textoElaboración formal de todo tipo de escritos.
Formato de documentoEstandarización de formatos usados continuamente
Base de datosArchivo y administración acelerada de todo tipo de información
FormularioElaboración y calificación de exámenes y otros documentos

Hemos terminado con esta breve revisión de los componentes generales de un programa procesador de textos actual. Ahora toca a usted, si es que hemos logrado despertar su curiosidad, ir y enfrentar el reto de la tecnología. Como seguramente ha podido observar, usar este tipo de software es algo que parece complicado pero en realidad es muy sencillo.

Luis Francisco Trujillo
Colaborador de Revista Red Escolar

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