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Red Escolar en colaboración con la Academia Mexicana de Ciencias ha promovido la participación de estudiantes de primaria y secundaria en el Concurso de matemáticas. Algunos participantes han llegado a las finales y han sido ganadores nacionales e internacionales. Los finalistas asisten a un certamen que tiene lugar en Hong Kong. En julio pasado asistieron cuatro alumnos de nuestro país: Ana Alhai Padilla Pérez, de Tlaxcala; Luis Alberto Martínez Valenzuela, de Durango; Giovanna de la Mora Gómez, de Jalisco; y Montserrat Reyna Miranda, del Estado de México. Publicamos la divertida bitácora de viaje y estancia en Hong Kong de Montserrat Reyna.
Todo empezó cuando llegamos al aeropuerto. No vi a nadie, así que decidí ir a comprar unas postales, luego encontré a Luis (de Durango) y nos fuimos al lugar donde debían estar los demás, nos presentaron a la maestra, documentamos, tomamos unas fotos, nos despedimos de nuestros padres, muy emocionados, no faltó quien llorara. Llegó la hora de abordar, era nuestro primer viaje al extranjero y para algunos su primer viaje en avión, así que íbamos un poco nerviosos. El primer problema que tuvimos fue la comunicación, ya que era en inglés o japonés, cosa que me molestó mucho, pues si ven el avión lleno de mexicanos ¿por qué no hablan en español? Lo bueno fue que, aunque poco, yo sé hablar inglés, así que era la traductora de mis compañeros, a todos nos daba pena hablar, y el viaje se hizo muy largo. Por fin llegamos a Vancouver. Todos despeinados nos bajamos del avión y fuimos a pasear. Allí fue donde empezaron los "osos" del viaje. Primero entramos a una tienda que tenía unas máquinas cubiertas con peluche que se movían y parecían animales de verdad. A Giovanna le gustó el alce, así que decidió tomarse una foto con él, pero como éste estaba arriba de las escaleras eléctricas tuvimos que esperar a que toda la gente pasara, y todos se nos quedaban viendo como diciendo "¿y a éstos qué les pasa?" Luego en la misma tienda había una cascada artificial, y se nos ocurrió tomarnos una foto, pero como había muñecos de peluche en las rocas, los tuvimos que quitar e hicimos un desastre. Después caminando por un pasillo vimos una escultura de la danza del venado y gritamos "¿a poco aquí también tienen danza del venado?" y al acercarnos a leer la placa decía que era un regalo del cónsul de México. Abordamos nuevamente el avión y por fin aterrizamos en Tokio, ya estaba oscureciendo, bajamos del avión y fuimos inmediatamente a checar los vuelos para ver en qué sala teníamos que esperar al avión que nos llevaría a Hong Kong. Tuvimos que tomar algo así como un metro que nos llevó hasta la sala, una vez que llegamos encargamos nuestras cosas a la maestra y fuimos al baño, donde encontramos una cosa muy rara que era como un W.C. pegado al piso, fue muy extraño, pero dicen que es más higiénico. Cuando aterrizamos en Hong Kong estaba lloviendo y hacía mucho calor, al menos para mí que vengo de clima templado. Cuando pasamos por el lugar donde revisan los pasaportes se presentaron problemas y el encargado llamó a una señora que se veía con cara de enojada, fue muy incómodo porque la señora y el encargado sólo hablaban en chino y parecían molestos y nosotros no entendíamos nada. Luego fuimos con el señor que nos estaba esperando. Dijo que éramos el último equipo en llegar, también encontramos al papá de Luis, quien preguntó al señor en qué hotel se podía quedar, pero el señor no entendió nada (se lo dijo en inglés). Al final todos quedamos enojados, me cayó gordo que el señor no fuera ni un poquito amable. En ese momento extrañé México por segunda vez (la primera fue cuando nadie en el avión de Canadá a Tokio, nadie era mexicano ni hablaba español). Después de mojarnos todos en el pequeño tramo que caminamos bajo la lluvia, por cierto, era lluvia caliente, nos subimos al camión. La ciudad se veía preciosa, todos los edificios tenían prendidas sus luces, era genial, uno de los puentes estaba iluminado con luces de colores y parecía una carpa de circo; tardamos en llegar a la escuela, y al arribar nos recibieron unas chinitas que se llamaban Karen y Yumi, algo así; nos llevaron a los cuartos que nos correspondían, estaban en el quinto piso. A Giovanna y a mí nos tocó el C518, estaba muy bonito. Creímos que todo mundo estaría dormido, pero no era así, los africanos estaban despiertos. Nos bañamos y nos fuimos a dormir, teníamos sed, pero no tomamos nada porque el agua sabía a tierra. Las chinitas nos llevaron al comedor, no sabíamos dónde sentarnos por lo que les preguntamos a los australianos si podíamos sentarnos con ellos y dijeron que sí; los cuatro niños eran de cabello rubio y piel blanca, hablaban sólo inglés, y la maestra se puso a platicar con su líder, le dijo que ninguno hablaba inglés, sólo Giovanna porque iba en escuela particular, ella pensaba eso, pero no era cierto, yo hablaba inglés, entonces pensé ¿por qué subestiman a los niños que venimos de escuelas de gobierno?
Después del desayuno fuimos por nuestras cosas para ir a un parque de diversiones. Nos mandaron a la zona D. Cuando llegó nuestro camión y nos sentamos, empezamos a cambiar monedas y postales con los niños de Tailandia, le preguntaron a Giovanna su nombre y se la pasaron repitiéndolo todo el camino. Pasamos por un puente bajo el mar, pero definitivamente la ciudad es más bonita de noche, puesto que de día se ven muy "sobrepoblados" los edificios de departamentos, y según lo que nos contaron, en Hong Kong hay tanta población que viven muchas familias juntas, en efecto, no se ven casas. Queríamos subirnos al splash, pero no funcionaba. También queríamos subirnos a un juego que parece montaña rusa, pero tampoco funcionaba, así que fuimos al acuario y anduvimos caminando por todo el parque sin encontrar algo que funcionara, entonces fuimos a otro juego como el escorpión pero estaba más leve, aunque se veía feo, casi no se sentía nada. Luego fuimos a ver un espectáculo de delfines y focas, también participaba un león marino, todo estuvo muy padre a pesar de que no entendíamos nada. Después decidimos ir a ver a los pandas, pero habían parado el teleférico porque hacía mucho viento, fuimos en camión, nos subimos en el segundo piso, desde allí parecía que chocábamos con cualquier cosa; después de cruzar toda la montaña llegamos al otro lado del parque, primero fuimos a ver una exposición de dinosaurios y luego a ver los pandas, estuvimos buen rato viéndolos. No me sentía muy bien, el calor era insoportable y el aire acondicionado insuficiente. Al salir nos quedamos un rato a ver baile hawaiano, nos subimos de nuevo al autobús, y cuando llegamos al lugar donde deberíamos reunirnos éramos los últimos y todos nos estaban esperando. |
Al día siguiente fue primero el desayuno, luego la ceremonia de inauguración, estuvo muy bonita, nos regalaron a cada quien un reloj y una mochila. Luego nos fuimos al examen. Nos acomodaron en los salones, éramos de los equipos de atrás, después del equipo de Durban, Sudáfrica. Nos dieron los exámenes y hubo algo que me molestó un poquito, cuando le dieron los exámenes al equipo de Durban se veía que estaban impresos en computadora, y los nuestros eran unas copias todas feas con la letra del líder. Pero hubo un detalle que me molestó aún más, al empezar a hacer el examen las personas que estaban en la mesa no nos quitaban la vista de encima, y pasaban por nuestro lugar a ver qué hacíamos. Al terminar dieron la hora del otro examen, obvio en inglés dijeron que a las dos, pero como yo estaba distraída pensando en ¿por qué no nos quitarían la vista de encima? Entendí que era a las dos y cuarto, y eso le dije a la maestra, pero ella mejor fue a preguntar otra vez y le dijeron que a las dos y cuarto, así que llegamos a esa hora, todos estaban ya ubicados en su lugar, entramos y se rieron de nosotros; al terminar de dar las instrucciones del examen dijeron "¿entendido, México?" Como en el otro examen, no nos quitaban la vista de encima. Nos dieron un tiempo por si queríamos meternos a la alberca, pero nosotros no nos metimos porque nos quedamos peinando a Alhai para la presentación de esa noche, le hicimos unas trenzas preciosas, al final decidimos que íbamos a cantar unas rondas infantiles, Pares y nones, Doña Blanca, Amo ato y la Víbora de la mar. El evento fue en el mismo auditorio en el que había sido la ceremonia de inauguración, nos dieron a escoger en qué orden queríamos salir a hacer nuestra presentación: en el decimonoveno o en el segundo. Como vimos a todos los niños con sus trajes típicos escogimos el segundo turno para no arrepentirnos. La verdad es que quedó todo feo porque además las únicas que cantábamos éramos Giovanna y yo, en la Víbora de la mar escogimos algunos niños y niñas para que se hiciera más larga la cola, eso fue lo único que funcionó, pero nos aplaudieron. Después pasaron otros bailes y cosas, por ejemplo los australianos hicieron una representación de los juegos olímpicos, y los niños de un equipo de Sudáfrica se quitaron la camisa y se pusieron una bolsa de plástico en la cabeza después se pintaron una cara en el estómago y al moverlo la cara hacía gestos, otro equipo de Sudáfrica cantó su himno nacional y un niño llamado Kail bailó una danza típica y, además, él mismo la cantó.
Más tarde cenamos. Esta vez en un comedor que estaba arreglado muy bonito. Nos tocó en la mesa de los australianos. Nosotros no podíamos parar de reír, y los niños se nos quedaban viendo con cara de "¿y estas locas?" Nos dieron sopa, pero Giovanna y yo pedimos sólo una para las dos, puesto que no nos gustó. También nos dieron unos hongos que se veían horribles, y claro que sabían horribles, al principio pensé que no sabrían tan mal, pero cuando los probé se notó en mi expresión. Retamos a los australianos a que se comieran uno, pero el único que dijo que sí fue Carl, eso con la condición de que yo también hiciera lo mismo. Él estuvo a punto de echarse para atrás así que yo puse el hongo en su plato; a la cuenta de tres empezamos a comerlo, y claro, como yo ya conocía su sabor no lo mastiqué, pero él lo estuvo masticando fácil unos dos minutos y ¡puso una cara!; después sirvieron pollo, estaba rico, pero venía con la cabeza, así que la tomé, la puse en mi plato y la atravesé con un palillo chino, parecía un títere, y la hice hablar. Nos sacamos una foto con la cabeza de pollo, fue inolvidable, y aunque nuestros idiomas eran distintos, nos la pasamos riendo toda la cena. Al llegar a la habitación se acercaron los africanos y nos preguntaron que si podían cambiar cosas con nosotros, a lo que contestamos que sí, también vinieron los australianos, me dio risa porque su líder preguntó ``¿pueden venir mis niños a cambiar?", pero como pensó que no le habíamos entendido dijo "cambio, cambio" en español, y se escuchó muy gracioso. Pronto nuestro cuarto estuvo lleno de africanos, ¡todos se metieron sin pedir permiso!, eran cuatro equipos, pero después de cambiar, sólo se quedaron dos a platicar. Estábamos muertos de risa, puesto que un niño sólo estaba sacándole fotos a Giovanna cuando ésta se descuidaba, sus compañeros le dijeron que le gustaba y él se puso todo rojo, después otro africano, por cierto muy gracioso porque era morenito, gordito y chaparrito, dijo "los mexicanos me caen bien y son muy graciosos porque no entiendo lo que dicen y ya me estoy riendo", total que nos la pasamos un buen rato así, como hasta las tres de la mañana, esa noche Alhai no se fue a dormir a su cuarto, se quedó con nosotras. Al día siguiente nos levantamos temprano y fuimos a un paseo por la ciudad. En el camión nos tocó con los niños de Australia, y como llevábamos baraja les enseñamos a jugar manotazo. Aprendieron muy bien, tan bien que a cada rato nos decían que bajáramos la voz; ese día aprendimos un juego chino con las manos, y como lo jugábamos muy rápido todo mundo se nos quedaba viendo con la boca abierta, en el barco les enseñamos a todos a jugar, nos hicimos famosas y populares, ni siquiera las africanas que después intentaron introducir su juego de manos alcanzaron tal fama como nosotras. Nos llevaron a comer a un restaurante chino donde nos dieron una comida parecida a la de la noche anterior, esta vez ya no comimos hongos y nos volvimos a sentar con los australianos. Al otro día fue la premiación, muy bonitos discursos, y los regalos que algunos equipos le llevaron a la organización, en especial una jirafa de madera que le llevó el equipo de Johannesburgo. Cuando nos fuimos a la escuela, nos bañamos y nos pusimos la pijama para dormir, ya que al otro día nos íbamos muy temprano, Giovanna invitó a Kail a la habitación y como Alhai y yo ya estábamos en pijama y ellos no encontraban qué hacer y además de que no se entendían nada, nos pusimos las colchas encima como si fueran un chal y jugamos manotazo con ellos, como habíamos tomado mucha agua nos dieron ganas de ir al baño, así que mientras Giovanna y Kail iban por más agua nosotras dos preparábamos nuestro plan así servía que hacíamos el último "oso", cuando llegaron, seguimos jugando, y unos minutos después, cuando ya no aguantábamos más, salimos totalmente cubiertas con las cobijas, de pies a cabeza, en ese momento todo el piso estaba afuera y cuando Giovanna se asomó, se puso rojísima, ya que cuando pasábamos todo mundo se reía de nosotras. Fue el último "oso" y quizá el mejor, no me arrepiento de nada. Así es que al final, equipo, fracaso o no, sí éramos los más populares y de los que jamás se van a poder olvidar. El regreso no tuvo nada de interesante, sólo que cuando ya estábamos en México y vimos a nuestros familiares, todo mundo se puso a llorar, excepto Luis y yo. Y ahí termina nuestra "MATEAVENTURA".
Testimonio de Montserrat Reyna Miranda |
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