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Informática para todos

Portales en Internet

Algo que diferencia al mundo de hoy del que conocíamos hace quince años es que tenemos a nuestra disposición miles de millones de páginas de información que se pueden leer libre y gratuitamente usando Internet. Estas páginas han sido escritas por personas en lo individual, por grupos de trabajo, por instituciones académicas, por dependencias de distintos gobiernos u organizaciones internacionales y por empresas comerciales. La motivación de los autores es muy variada: ego, altruismo, lucro velado, autopromoción y otras muchas razones. Además, existen muchos millones de páginas que se pueden consultar pagando un precio o afiliándose a la organización que las ofrece.

Como no existe un control sobre estas páginas, excepto el que se imponen los propios autores, en ellas se dicen verdades o mentiras. No es fácil saber si la información contenida se ofrece con honestidad o con una agenda encubierta. Además hay un gran número de páginas que son apropiadas sólo para ciertos grupos, aunque están disponibles a todo el mundo.

Sin embargo, la libertad de las personas de ofrecer información literalmente a todo el mundo representa una transformación en la disponibilidad del conocimiento; tan o más importante que la que ocurrió al extenderse el uso de la imprenta de tipos movibles. Antes de que las imprentas se hicieran ubicuas, sólo se podían hacer copias de documentos a mano, lo cual era tan caro que sólo algunos gobiernos y algunas instituciones tenían copistas, y por lo mismo, había pocas bibliotecas. Después fue más fácil ofrecer información, pero sólo a través de intermediarios interesados económica o políticamente en la difusión de esa información. Los editores, los impresores y los censores ejercían el control sobre el flujo de información. Hoy en día también hay intermediarios como las empresas telefónicas y los proveedores de servicios de Internet. No es gratuito ofrecer información de esta manera, pero cualquiera que tenga recursos suficientes para acceder a una computadora, propia o ajena, conectada a esta red y un mínimo de conocimientos puede lograr que sus ideas lleguen a todo el mundo.

Lo que hay que hacer es ejecutar y mantener en operación, en la computadora que está conectada a la red, un programa llamado servidor de páginas. Los lectores usan un programa que se ejecuta en su propia computadora, mismo que envía al servidor una solicitud de transmisión de una cierta página. El servidor recibe la petición y la cumple, enviando de regreso la página solicitada. Para poderse comunicar cada computadora conectada a Internet tiene un domicilio único (es decir distinto al de cualquier otra computadora en el mundo), y dentro de cada computadora que preste el servicio de entrega de páginas, cada página debe tener un nombre. La combinación del domicilio de la computadora y el nombre de la página se conoce como el URL de la página, lo que quiere decir localizador uniforme de recursos (Uniform Resource Locator).

A quienes deseamos obtener información a través de Internet se nos plantean muchas preguntas. ¿Cómo se puede saber qué servidores hay? ¿Cómo saber qué páginas contiene cada servidor? ¿Cómo se puede saber qué contiene cada página?

Se puede encontrar respuestas a estas preguntas a través de amigos, de afiliación a instituciones (escuelas, universidades, asociaciones, etcétera) o de directorios especializados. Pero estas respuestas son parciales. Quizás son las mejores respuestas, pues los URL que obtengamos ya han sido "recomendados". Es decir, el que nos los proporcionó ya conoce las páginas y probablemente considera que la información es verdadera, apropiada y valiosa. Pero ésta no es la única forma de responder a esas preguntas.

Se ha popularizado el uso de programas que buscan las páginas en todo Internet que contienen palabras clave que interesan al usuario. Las palabras clave:

* aparecen al principio del documento
* aparecen repetidas veces
* aparecen en algunos fragmentos del documento
* en casos extremos se usan todas las palabras del documento.

Estos programas buscadores se basan en listas elaboradas de dos formas:

a) Mediante grupos de gente que anotan en una lista los domicilios de todos los servidores de páginas que hay conectados a Internet (muchos millones),

y que estudian el contenido de las páginas que hay en cada uno.

b) Cada noche un programa recorre todo Internet y solicita todas las páginas nuevas que se hayan colocado durante el día anterior.

Cuando el buscador tiene una copia de todas las páginas, hace una lista de todas las palabras clave que contienen. Para cada palabra anota en el renglón correspondiente de esa lista los URL de las páginas donde aparece. Esto permite encontrar todas las páginas que contienen una (o más) palabras clave.

Si requiero información sobre un tema descrito por una o más palabras uso un buscador para obtener una lista de decenas, cientos o miles de páginas que contienen las palabras clave que me interesan. Pero aparecen dificultades: homónimos, plurales, raíces, tiempos verbales o palabras relacionadas pero no mencionadas (tales como, corazón - cardíaco).

Los documentos que devuelve el buscador están ordenados por relevancia. Ésta se mide típicamente por la frecuencia de los términos, o sea, por el número de veces que aparece la palabra clave en el documento. También se puede usar la posición de la palabra en el documento. En algunas búsquedas el usuario puede asignar pesos de relevancia a los términos. Esta calificación de relevancia es fundamental para evitar que el usuario se ahogue en un mar de documentos irrelevantes y pierda su tiempo.

De todas las páginas que obtengo elijo las que me sirven, o descarto las que no me sirven. Tengo que evaluar las que quedan. ¿Tienen la información que necesito? ¿Cuáles de éstas dicen la verdad? ¿Cuáles de éstas son tendenciosas? ¿Cuáles de éstas están al día? ¿Son comerciales o particulares?

Si voy a usar la información para producir más información, por ejemplo, para escribir un artículo, un libro, o dar una conferencia, debo preocuparme de hacer la atribución correcta. ¿Puedo usar la información libremente o debo citar la fuente? ¿Estará la página en su domicilio mañana para que otros la puedan consultar? ¿Es auténtica la información o ha sido falsificada?

Esto último es delicado. Todos sabemos que es relativamente sencillo invadir una computadora que esté conectada a Internet, y luego destruir o alterar la información que contiene. Muchos de los ataques maliciosos cambian la información contenida en las páginas públicas en forma tal, que ya no refleja lo que piensa el autor, sino lo que piensa el atacante. Es difícil que el autor se dé cuenta de inmediato, y muchos usuarios pueden llegar a emplear la información falsificada antes de que se corrijan.

A lo largo de los siglos se ha desarrollado la tecnología informática de las bibliotecas. Por cierto recordemos que la informática no es necesariamente digital. Esta tecnología incluye la elaboración de un catálogo (a veces anotado) onomástico, un catálogo temático, y otros tipos de catálogo. Además, al revisar los estantes se ve que los libros relacionados con el mismo tema están colocados uno cerca del otro, lo que facilita el refinar o aumentar la información que se obtenga. Los responsables de la biblioteca ya se han preocupado de que ocurra el proceso de selección de libros, revistas y otros materiales por profesionales responsables. Y también descartan los libros que por alguna razón hayan perdido su utilidad.

Si tuviéramos que encontrar información en una serie de pilas de libros colocados en una plaza, necesitaríamos herramientas como los buscadores. Los bibliotecarios nos ayudan haciendo el trabajo previamente. Las bibliotecas de Internet se llaman portales, aunque esta analogía es un tanto débil. Los portales, en su versión moderna, son una expresión de la especialización. Atienden a las necesidades de información de grupos de usuarios. Arquitectos, aficionados a los toros o coleccionistas de sellos usan portales que reúnen los URL que les sean útiles. Quienes elaboran el portal hacen una preselección de los URL en forma temática, y los organizan para hacer más eficiente su uso. Pueden dar a sus usuarios un valor agregado (como buzones de correo electrónico, instrucciones especializadas, ayuda para resolver problemas, etcétera) y normalmente obtienen recursos colocando anuncios en sus páginas.

Los portales reflejan la siguiente afirmación: "Cuando algo es tan grande que no se puede tragar entero hay que rebanarlo y digerirlo poco a poco."

Enrique Daltabuit
Responsable del Portal educativo

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