
Ver otros números
Regresar al Índice
¡Contáctenos!
¿Ya contestó nuestro cuestionario?
Lineamientos para artículos
|
Como la mayoría de los adultos que estamos celebrando el denominado cambio de milenio, me tocó vivir la "revolución de la informática", con la aparición de las grandes computadoras, que dieron paso a las computadoras personales. ¡Qué impresionante desarrollo! Transformó prácticamente todas las actividades de la humanidad: la banca, las finanzas, el comercio, la producción, el gobierno, y muchas más. ¡No nos damos cuenta de cuánto dependemos de los sistemas informáticos, hasta que no funcionan!
La capacidad de esos ingenios aumentó varios órdenes de magnitud, y sus costos han venido reduciéndose en proporción a su poder. Todo ello fruto de una gran competencia entre los fabricantes, en lo que se entendió como una "guerra tecnológica". Al poco tiempo se reconoció que más importante que la máquina en sí misma, eran los programas de aplicación y los sistemas operativos. Había aparecido la "guerra del software". Aún me llena de perplejidad la manera en que se agudizó el ingenio mental para producir tales programas, y cómo individuos o aún pequeñas empresas nos asombraron con sus desarrollos. Más impresionante aún fue el crecimiento de su valor en el mercado. Se sumó a esos movimientos el progreso de las telecomunicaciones y la aceptación social del concepto de redes, que conectó entre sí, no sin dificultades, a las computadoras sin importar dónde estaban ubicadas. Poco a poco, pero en un breve lapso de tiempo se perfiló la aparición de la red de redes, conocida como Internet. Se originaba entonces la "guerra de las redes o del ciberespacio". Sin que ninguna de las anteriores haya concluido, una nueva guerra está en ciernes: la "guerra de los contenidos". Puede tener muchos orígenes, pero con simpleza se podría aceptar que la creación de "páginas" personales, de grupos, o empresariales, fue llenando la red de información de todo tipo y empezó a resultar atractivo para las empresas comerciales enviar mensajes, o anuncios a los pobladores iniciales de la red. Se hicieron atractivos los anuncios cortos cada vez que "ingresabas" a Internet, y se crearon "páginas huésped", que daban la bienvenida con anuncios a cambio de servicios de información que tenían valor social en términos de noticias, entretenimiento, y muchos más. Esas páginas huésped se hicieron más complejas y diseñaron "canales" como los de la televisión, donde se organizaban las ofertas de noticias, deportes, entretenimiento, novedades tecnológicas, educación y servicios a la comunidad. La demanda por éstas hace suponer que abrieron la posibilidad no sólo de informar sino también de originar transacciones, y así nació el "comercio electrónico". Al amparo de esa novedad, han surgido servicios que no soñábamos: desde farmacias de turno e itinerarios de las aerolíneas, hasta búsqueda de información o creación de perfiles individuales para enviar sólo las noticias de un área de interés para cada persona. Hoy ya es posible enviar fotos digitales para que sean "reveladas" en la red (es decir, se ponen en diversos tamaños y "marcos" y se da una dirección electrónica para que parientes y amigos de quien las envía puedan verlas). También es posible "bajar" de la red nuestra música favorita, y hasta videos si contamos con las condiciones necesarias. Los canales incluyen conversaciones (chats) con nuestros artistas o deportistas favoritos, en vivo y en directo, o foros con grupos que cada persona organiza para tratar temas de su afición. |
Poco a poco, la necesidad de contar con "contenidos" cada vez más actualizados y atractivos, y cada vez más útiles, se volvió una necesidad imperiosa. Ello se enmarca en una nueva estrategia denominada portales, donde las empresas compiten entre sí por atraer o retener a sus usuarios con base en una calidad cada vez más alta de los contenidos. Se inicia así, la "guerra de los contenidos". Los portales competirán entre sí para obtener lo mejor del conocimiento disponible, para a su vez canalizarlo a través de su servicio a los usuarios. La fidelidad de éstos con el portal y la puerta de entrada que tenga a Internet dependerá, en buena medida, de los contenidos de utilidad que puedan brindar. Una zona claramente identificada se refiere a los contenidos de valor educativo: desde guías para ayudar a hacer las tareas, hasta cursos completos de actualización profesional disponibles a través del canal de educación. Veremos en los próximos años de este comienzo de milenio, el fragor de esa guerra, con miles de pequeñas empresas dedicadas a colectar, adaptar o crear nuevos conocimientos, y veremos también la más extraordinaria posibilidad de generar mucho de ese nuevo conocimiento a través de la escuela, con profesores y estudiantes comprometidos en ese esfuerzo. Esto ayudará a pasar de una estrategia de repetir información, hacia una de producir nuevo conocimiento; de ser "consumidores netos", a generar cosas que se adecuen a la realidad cotidiana, a la solución de problemas de desarrollo personal o colectivo, y a imaginar y construir el futuro.
Recuperaremos la capacidad de identificar las plantas medicinales o la vida silvestre de la zona en que vivimos o las historias de los abuelos, la explicación de acontecimientos urbanos o la creación de un índice de pluviosidad. En todo caso, "poblar la red" con nuestra información y hacerla útil. Algunos incluso lograrán colocar sus inmateriales productos como un adelanto más en medio de la "guerra de los contenidos".
Germán Escorcia S. |
|
|
Principio de la página |