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Cuando me senté a escribir sobre mi experiencia como coordinadora externa de Círculos de aprendizaje, la mente me quedó en blanco: reflexiono y me doy cuenta de que son tantas las cosas que se viven, que resumirlas en unas cuantas líneas no es fácil. Mi acercamiento a Red Escolar y, en especial, a Círculos de aprendizaje, no ha sido dentro del salón de clase, sino a través de la coordinación operativa de los Programas de Educación a Distancia. Al ponerse en marcha Red Escolar en nuestro estado, los maestros de la fase piloto fueron los que vivieron la capacitación y quienes echaron a andar los proyectos: en realidad ellos conocían mejor que nosotros el programa. El inicio fue difícil, pero ante nuestra falta de experiencia se impuso el entusiasmo contagiado por los maestros. Cuando comenzaron los primeros proyectos colaborativos me involucré y fui parte, literalmente, de un Círculo. No como participante directa sino como intermediaria, ya que una de nuestras escuelas había sufrido el robo de su equipo de cómputo, hecho que le impedía seguir participando en los proyectos. Sin embargo, tanto era el entusiasmo por parte de maestros y alumnos, que decidimos hacerlo a través del equipo que se encuentra en el Centro. Así fue mi primera participación en Círculos de aprendizaje. Me entusiasmé al igual que los niños y maestros que formaron parte de éste: todos los días revisaba los correos y los imprimía para dárselos a las maestras, quienes venían a recogerlos en su tiempo libre. Los leía con avidez y me sorprendía lo bien elaboradas y cuidadosas que eran las colaboraciones, tanto las que se recibían como las que se enviaban. Esta experiencia sembró en mí una inquietud por seguir participando, aunque no lo podía hacer porque no estaba frente a grupo. Comenzaron a impartirse los cursos para coordinadores de Círculos de aprendizaje y no los pude tomar porque tenía mucha carga de trabajo. Finalmente decidieron que fuera una de las maestras frente a grupo quien participara, pero yo aún sentía nostalgia por aquella primera experiencia. Llegó una segunda oportunidad para tomar el curso. Fue entonces cuando, ni tarda ni perezosa, decidí inscribirme. La experiencia del curso fue muy agradable, en realidad los asesores nos conducen y animan mucho. No estuvo exento de los problemas técnicos que, a veces, nos hacían perder la cabeza y desesperarnos; pero siempre tuvimos un gran apoyo, ayuda y comprensión de su parte. Ésta es una de las mejores enseñanzas que, a mi juicio, obtuve sobre el comportamiento que debería tener cuando fuera coordinadora de un Círculo. Por fin llegó el gran |
día: me tocaba coordinar un Círculo, una
mezcla de expectación y nerviosismo se apoderó de mí. Es mucha la
responsabilidad que se contrae, era mi turno de demostrar lo que había
aprendido. En el Círculo participaban nueve escuelas. Entre éstas se
encontraba aquella a la que habíamos auxiliado cuando se quedó sin
equipo de cómputo, de manera que el compromiso era mayor, ya que
cualquier equivocación que cometiera era doble, tanto como
coordinadora del Círculo como coordinadora operativa de Red Escolar.
Durante ese semestre hubo una demanda excesiva de inscripciones. A la mayoría de los Círculos se agregaron más escuelas. En mi caso se añadieron dos. El Círculo arrancó y no todas las escuelas contestaron; como tampoco tenía los domicilios y los teléfonos de los participantes, no podía comunicarme con ellos para preguntarles qué sucedía. Posteriormente nos quedamos sin acceso a la Red en Baja California Sur y, para colmo de males, fue un semestre en el que las escuelas tenían mucho trabajo y el Círculo no marchaba como yo había esperado. Cuando concluyó sólo tres escuelas publicaron sus trabajos, entre las cuales se encontraba la nuestra. Sin duda fue una ganancia, pero yo estaba triste, porque sentía que esa falta de respuesta tal vez se debía a que no estaba a la altura para dirigir el Círculo. "¿Qué fue lo que hice mal? --me preguntaba-- ¿Qué me faltó por hacer?" Otra profesora me hizo notar que había sido un problema generalizado. No sé si lo dijo para consolarme, pero me hizo comprender que los mismos problemas por los que había pasado cuando tomé el curso (las fallas técnicas, el exceso de trabajo que te impide continuar, el tiempo que se viene encima) son los imponderables con los que tenemos que trabajar, y que tenemos que vencer poco a poco. Ahora soy coordinadora de otro Círculo, en una segunda experiencia. Créanme que las cosas son muy diferentes en esta ocasión: la respuesta que han tenido los participantes ha sido asombrosa y muy activa. Esta vez no hay tantos desertores y lo que me llama la atención es que realmente han trabajado casi solos. No quiero decir que los haya abandonado, sino que prácticamente no han requerido de mucha ayuda; conocen a la perfección su trabajo y hay una excelente comunicación. En pocas palabras se ha generado un ambiente de fraternidad y amistad entre los participantes; yo me siento muy contenta de poder ser parte de esta experiencia, aunque me quede la sensación de que tal vez no he hecho lo suficiente por ellos. Supongo que con el tiempo, si me permiten continuar con esta hermosa labor, podré llegar a ser una verdadera coordinadora.
Lic. Alma Eugenia Bautista Zúñiga |
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