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En pocas palabras

Formación de valores en Red Escolar

Pocas cosas han cambiado tanto en la historia de la humanidad como los valores. Sean de tipo estético, moral o social, los valores dependen de la época y el contexto en el que se desarrollan las civilizaciones. Por ejemplo, en la Edad Media el cuerpo ideal femenino era esbelto y alargado y se consideraba particularmente atractivo que la mujer tuviera el segundo dedo del pie más largo que todos los demás. Por el contrario, poco después del Renacimiento la mujer rubicunda era muy apreciada --basta ver las pinturas de Rubens para constatarlo--. Otro ejemplo es el cambio de percepción sobre la homosexualidad. Entre los antiguos griegos se tenía por signo de refinamiento extremo mientras que a finales del siglo pasado Oscar Wilde fue perseguido y encarcelado por esa causa.

Cada vez que se reúnen dos o más personas para intentar la convivencia se establece tácitamente un código de valores. Cada familia establece un patrón de comportamiento aceptado como válido que puede diferir con el de la familia vecina. Habrá algunas que consideren importante la lectura y otras no, quien tenga un patrón estricto para manejar la sexualidad en contraposición con posturas más liberales, y así la lista sería interminable.

Y aún existe otro problema. Hay valores que en un contexto determinado aparecen como importantes y en otro pueden resultar perjudiciales. Tomemos como ejemplo la amistad. Es claro para niños, jóvenes y adultos que tener amigos es muy bueno para vivir en armonía y que éste es un valor que debe ser cultivado, pero no a cualquier precio. Por ejemplo, está comprobado que el 80% de los adolescentes que tienen problemas de drogadicción recibieron la droga de manos de un amigo y la aceptaron, precisamente, por amistad.

Tomando en cuenta lo anterior ¿cómo abordar la formación en valores? Estamos de acuerdo que es indispensable que padres y educadores nos dediquemos de manera urgente a la tarea de transmitir y consolidar una moral, individual y pública, que en este fin de siglo parece estar amenazada, pero debemos ser muy respetuosos de las creencias y valores de los demás. Debemos construir en cada estudiante una ética propia, basada en su contexto personal. Queremos que pueda responder favorablemente, con juicio crítico, a las situaciones de vida que únicamente a él se le presentarán, lejos de la vigilancia de padres y maestros. Por lo tanto, debemos fortalecer su autonomía.

En 1932, Piaget publicó un artículo llamado "El juicio moral del niño". En éste habló de dos tipos de moral, una autónoma, que permite al individuo gobernarse a sí mismo, y otra heterónoma, la que tienen todos aquellos que se dejan gobernar por los demás. Piaget establece que no puede haber moralidad cuando se consideran únicamente los propios puntos de vista. Tomando en cuenta la opinión de los demás, no se es libre para mentir, romper promesas, dañar a otro, etcétera. Si queremos que los estudiantes desarrollen una moral autónoma, debemos reducir nuestro poder como adultos, no recurrir a premios y castigos y animarlos a construir sus propios

valores morales. Los que estudian y obedecen reglas sólo con el fin de obtener buenas calificaciones están gobernados por los demás, así como aquellos que son "buenos" sólo para evitar ser castigados.

En consonancia con las ideas de Piaget, Red Escolar propone el diálogo abierto y constante entre niños, jóvenes y maestros. Cada proyecto colaborativo y cada círculo de aprendizaje tiene foros en donde todos vierten su opinión y cada quien va formando un juicio crítico personal acerca del mundo. En Red Escolar consideramos que los valores deben ser promovidos con el fin de practicarse cotidianamente.

Educar en la diversidad es uno de los principales retos para Red Escolar, precisamente porque estamos conscientes de que el hombre --como un ser naturalmente sociable-- no sólo necesita de valores para vivir en armonía con sus semejantes, sino también porque del uso que le demos a nuestra formación, por así decirlo "más allá de las aulas" depende nuestro éxito o nuestro fracaso en las distintas situaciones difíciles que nos plantea la vida.

Al hacer contacto con otras mujeres y hombres que forman parte de culturas alejadas de la nuestra, debemos tener muy presente el respeto a la diversidad cultural. Entendiendo la cultura no como un vocablo equivalente a erudición o a los asuntos exclusivistas del arte, sino como el conjunto de valores, normas, actitudes, individuos, formas expresivas y religiones, entre otras cosas. De todo aquello que requiere un respeto cabal para que la vida pueda desenvolverse con y en armonía.

El hecho de que los niños y jóvenes puedan ver sus pensamientos, sus cuentos y su nombre publicados, sin duda contribuirá a la elevación de su autoestima, factor fundamental y decisivo en la consolidación de sus valores como individuos.

Mientras seamos guías de niños, adolescentes y adultos, tenemos una gran responsabilidad: acompañarlos mientras abren los ojos poco a poco en un mundo violento y caótico. Como nos dice Erich Fromm en su libro El arte de amar, "el hombre vive, pero ha de morir; el hombre ama la paz, pero también hace la guerra." Es precisamente esta imperfección la que debe darnos la pauta al hablar de los valores humanos; ninguna cultura es superior a otra, como ninguna religión es mejor que otra y no existe un niño superior a otro.

Luego de establecer un contacto con distintas culturas y diferentes religiones en clase de Historia, con varios países y diversas teorías en clase de Química y con personas del sexo opuesto en los foros que proponemos en Red Escolar, debemos estimular a nuestros alumnos para que se formen su propia idea del mundo. Debemos orientarlos acerca de las múltiples posibilidades que nos ofrece la informática como un medio de comunicación y acercamiento.

De nosotros depende en buena medida la transformación de este mundo, cerrado y violento, en un mundo más respetuoso y democrático: donde las mujeres y los hombres, las diferentes especies que coexisten en la naturaleza, las distintas razas de seres humanos, los pobres y los ricos tengamos siempre una misma cabida.

Teresa Vázquez Mantecón

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